No odies las palabras, que en mi maldita inocencia proclamo,
tan simples e impensables pero profundas y mortales en el acto,
que a duras ponen en prueba la declaración de un “Te amo”,
haciendo temblar el equilibrio tan armónico de un sagrado pacto.
No quiero que oigas las maldiciones de mi canto puritano
que tiene bajo sus pies quebranto y sobre sus hombros orgullo,
tan imperfecto en sus pobres excusas de un hombre pagano
que vive en tu imaginación, soñador que por entero es tuyo.
No quiero más que me oigas, solo quiero que escuches
al un niño renacido que en el calor de tu ternura se embriaga
y con letras, con palomas adorna el mísero y frío estuche
que creyó ser una ilusión pero no fue más que una vil plaga.
No odies mis palabras, las que agotan tu eterno sueño;
las que sin más te fueron lanzadas, sin reparar en tu labor;
sola te proteges, en coraza de indiferencia, con empeño
y tu inocente boca, del presto enojo, prueba ya su sabor.
No quiero que se vuelvan en tu tortura, mis vanos sonidos;
que de mi confusa boca brotan imparables, sin cansancio;
Todo en vano, para ti son los mismos rezos en tus oídos;
manjar tan dulce cuyo sabor se volvió con el tiempo rancio.
No me odies a mi, por ser cándidamente lo que no quise ser,
por tropezar en la misma piedra en diferentes caminos,
por detenerme en la quietud cuando era momento de hacer,
o por acertar obsesivamente en vez de ceder al desatino.
No odies mis palabras, porque marcaron en erróneo tiempo
una etérea y perpetua huella que no se borrará de tu alma;
emergiendo dudas sin velas, que navegan contra tu viento;
rebuscando el meollo pacífico para romper con toda calma.
No te odies a ti misma por abrir y ver tras la falsa puerta,
cubiertos de la misma tierra ambos somos tan parecidos,
pero tu tan diferente, cuando del polvo eres descubierta
y yo cuando del suave barro soy diestramente esculpido.
No nos odiemos, no quiero odiar tu infranqueable coraza,
ni tu mi fantasmal resentimiento que sobrevive a la batalla;
recordemos que hoy nuestros yerros son una misma masa
y nosotros un solo ser que el grito de la contrariedad acalla.
sábado 17 de marzo de 2007
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